Piel con piel

¡¡Llegó el momento taaaaan esperado!! Por fin ha nacido nuestro hijo,  después de sostenerlo,  acompañarlo,  nutrirlo durante aproximadamente nueve meses,  ya lo tenemos aquí. Tenerlo en brazos es lo que más necesitamos los padres al verlo nacer,  seguir teniendo la necesidad de protegerle.

Por naturaleza conservamos ese instinto,  ese que hace que la especie perdure,  el mismo que hace que nuestras crías sobrevivan…  La protección,  el cobijo,  el calor…

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Es todo muy bonito,  pero a la vez (no lo olvidemos)  muy traumático.  Me explico; el bebé ha estado desde su concepción en un ambiente «único y perfecto» para él.  Un lugar calentito,  humedo,  con hilo musical y bufet libre 24 horas… Qué idílico. Y de repente empieza a sentir una presión (contracciones)  muy fuertes que le empujan a salir a un lugar frío, graaaande (muy grande y sin contención), ruidoso,  con mucha luz,  muchos olores y estímulos diversos,  sin comida «gratis»…  Visto así yo preferiría quedarme dentro,  no? 

Pues bien,  después de este primer gran trauma como es el nacer,  lo mas natural y lógico,  lo más intuitivo,  sería que la mamá agarrara a su cachorro y se lo acercara al pecho.  El pecho nos lo da todo al nacer.  Por una parte nos da el calostro: esas gotitas de oro que tanto necesitamos en nuestros principios.

Por otra parte nos ofrece el tranquilizador olor de nuestra mamá, sus latidos que tan bien conocemos,  unos brazos que nos sostienen cómo hacía el útero segundos atrás.  Y además nos ayuda a regular la temperatura de nuestro cuerpo,  todavía humedo y con tendencia a quedarse frío,  nos ayuda a regular la respiración después de haber expulsado el líquido pulmonar que nos ha ayudado tanto tiempo a practicar para el momento de nacer,  hace que se cree un fantástico vínculo,  que la lactancia materna se establezca antes y con mayor facilidad,  y hace que todos estos cambios,  esta transición sea más fácil.

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¿Y quién puede hacer piel con piel?

Lo mejor,  lo más natural, lo más idóneo es que lo haga la mama inmediatamente después del alumbramiento.  Se produzca el nacimiento por vagina o por cesárea.

Si el bebé no tiene ninguna complicación en el momento del nacimiento, se podrá realizar piel con piel desde el minuto cero. Las curas del recién nacido como son la somatometría (pesar,  medir,  constantes vitales… ),  administración de vitamina k, identificación, toma de huellas, etc.  se pueden retrasar y algunas realizarlas sobre la madre.

Para ello la mamá cogerá al bebé en brazos y lo colocará sobre su pecho ó al pecho,  desnudo,  tocando piel con piel,  sin interferencias como mantas,  tallas o muselinas de por medio. Se cubrirá al recién nacido con un arrullo,  manta,  talla y se le colocará un gorro para que no pierda calor.  Y ya está,  así de fácil.

No se debe retrasar el comienzo del piel con piel si no es estrictamente necesario,  como sería el caso de la reanimación de un recién nacido o por causas médicas relacionadas con la mamá. En tal caso,  otra persona ya asignada por la mamá (normalmente el acompañante, pareja, abuela…) podrá realizar el piel con piel con el recién nacido hasta que la mamá esté en condiciones.

El piel con piel, para que sea efectivo debe tener una duración mínima de un par de horas y no tiene límite de tiempo,  siempre y cuando el bebé y la mama estén en buenas condiciones.

Pasadas las primeras horas de vida,  el contacto piel con piel sigue siendo una muy buena opción para estar con nuestros pequeños, lo que ahora se le llamará hacer canguro.

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