Gastroenteritis

En las últimas semanas me he encontrado con varios padres preocupados porque sus hijos estaban con vómitos y diarrea, y las dudas acerca de qué hacer eran varias. De modo que vamos a profundizar un poco en esto de las gastroenteritis… O mejor en las diarreas y los vómitos.

¿Qué puede causar vómitos y diarrea?

  • Comer alimentos y aguas contaminados con alguna bacteria.
  • Viruses (estamos en época) como la gripe, el norovirus o el rotavirus (tan conocido entre los niños).
  • Parásitos, que también los encontramos en los alimentos.
  • Medicamentos como antibióticos.
  • Y también pueden ser síntomas de intolerancias alimentarias, enfermedades del aparato digestivo o resultado de una intervención quirúrgica de los intestinos.

En ocasiones, también podemos experimentar fiebre, dolor abdominal, etc.

¿Cómo trataremos la gastroenteritis?

Por lo general, en un par de días el problema estará resuelto. Y no será necesario ningún tratamiento específico que vaya más allá de tomar lo necesario para evitar la deshidratación.

Algunas veces los síntomas perduran más días, o se complican (deshidratación, fiebre alta, decaimiento, etc) y es preciso consultar al pediatra para descartar otras dolencias y/o instaurar algún tratamiento específico.

De modo que si nos encontramos con vómitos y/o diarrea, lo que tenemos que hacer es basicamente restaurar los líquidos y electrolitos que vayamos perdiendo. ¿Y eso cómo se hace?

Lo primero que haremos es esperar. El cuerpo lo que intenta es eliminar el microorganismo patógeno (la causa) a través del vómito y la diarrea. Así que si intentamos «cortar» los vómitos o diarreas con medicación lo que estamos haciendo es evitar que el cuerpo pueda deshacerse de ellos. Además, esta medicación tiene muchos efectos secundarios indeseables en niños, y solo se utilizarán en aquellos casos en que los vómitos sean incoercibles (que no paren).

Si no para de vomitar, deberemos acudir al hospital.

Después de dejar un tiempo prudencial del último vómito (unos 30 minutos), podemos iniciar la rehidratación. Ésta la haremos con agua o suero oral de venta en farmacias. Nada de bebidas para deportistas, bebidas de Cola, zumos de fruta… Todas estas bebidas contienen mucho más azúcar del que nos interesa ingerir, y lo único que provocaríamos sería una pérdida mayor de líquidos por lo que se llama osmolaridad.

La rehidratación la haremos despacito. No nos apresuremos. Ofreceremos unos 5 ml cada 15 minutos, siempre que lo vaya tolerando.

Muchas veces los niños nos dirán que prefieren comer a beber. Por la sensación que deja el líquido en la barriga vacía. Pues no hay problema. Pueden comer si les apetece. A parte de los líquidos, se les puede ofrecer comida. Por supuesto que evitaremos las comidas grasientas, fritos, industriales o con azúcares… Pero dentro de lo que son alimentos saludables pueden comer lo que les apetezca: patatas, verdura, fruta, pan, carne, pescado, lacteos… No es necesario comer solo el agua de arroz y el pescado hervido de toda la vida.

Siempre ofreceremos pequeñas cantidades y observaremos qué pasa.

A los más pequeños, les ofreceremos el pecho con más frecuencia. Si toman biberón no hará falta cambiar la leche por una sin lactosa. Igual que con el pecho las tomas se harán más pequeñas pero más frecuentes. Solamente, si el pediatra lo prescribe se cambiará la leche de fórmula.

¿Y pueden tomar lactosa?

La respuesta es Sí. Exceptuando los niños que puedan tener intolerancia o alergia a la lactosa.

La lactosa es el azúcar de la leche, formado por glucosa y galactosa. Otros alimentos que tomamos a diario también contienen lactosa en mayor o menor cantidad. Y antes hemos dicho que el cuerpo necesita reponer electrolítos y otros nutrientes, de modo que no es malo tomar leche, yogures o queso.

Lo mejor, en todo caso, es iniciar lo antes posible una dieta variada, para que nuestro intestino, dañado por los microorganismos patógenos, pueda recuperarse lo antes posible, restableciendo su flora natural y recuperar sus funciones con normalidad.

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